Curioso espectáculo de variedades nos hace preguntarnos si defendemos las corridas de toros o qué cosa. Corrida guadalupana.

Una afición sensiblera con muchas ganas de apoyar al espectáculo llegó al éxtasis con Antonio Ferrera, pero se olvidó de ver toros.

Los astados fueron cuatro y cuatro de los consabidos itos: Bernaldos de Quirós Fernando de la Mora, mal presentados, aunque de mejor lámina los primeros, y tan malos de juego unos como los otros. Fue lo de menos, y si despertaron alguna protesta, esta se perdió entre el murmullo de las 32 o 33 mil personas que cubrieron los tendidos del coso de Insurgentes. Los que hicieron primero, cuarto, sexto bis, y octavo, dos de cada hierro, se dejaron meter mano sin bravura, ni fijeza o codicia, y con debilidad manifiesta.

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Hagámonos escuchar también en otros canales
Alternativa del toricantano San Román
…que se gustó por momentos
Mala apuesta de Morante
Que dejó pinceladas…
…pero a cuenta gotas
La gaonera de Silveti…
…y su ‘peculiar’ interpretación del toreo de muleta
Primer acto
Segundo acto
Tercer acto
Hay de muletazos…
…¡A muletazos!
La estocada
Una oreja en la espuerta de San Román

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