Eduardo Romero, descansa en paz.

Recién el domingo pasado conocimos a un chico de Aguascalientes, conocido como «el Gorupo», y anunciado en los carteles como Eduardo Romero, así me ayudó a reconocerlo mi amigo y viejo conocido de esta casa, Humbert.

Hoy, el menudito torero hidrocalido decidió no estar más entre nosotros. No lo verá más el jardín de Triana, ni entrenará más en la plaza de San Marcos, ni le esperarán las arenas ardientes de las novilladas matinales.

Decía de él que «logró momentos muy estéticos y quedaron claras sus intenciones taurinas. Con las banderillas también clavó lucido y expuesto. Entre sus deficiencias técnicas [en el sobreentendido de que todos los alternantes de una novillada de oportunidad tendrán, naturalmente, carencias], la más grave es el manejo de la espada, carencia a la que debe enfrentarse con mejor actitud para sobreponerse poco a poco».

Ya sabría él qué había de fondo en su actitud, de ese hartazgo al que se contraponían la orden de la autoridad de levantar al novillo, la instrucción de su apoderado, y la notoria condición de la res. Llamó poderosamente mi atención el contraste entre ese episodio y el resto de su actuación.

Y es que si bien califiqué a otro de sus alternantes como «el mejor librado», el criterio de desempate fue lo menos tortuoso que resultó tirarse a matar para aquel otro joven. Romero puso los momentos de mayor calado de la novillada, en una actuación bastante avanzada en comparación con sus otros cuatro compañeros. Variada, expuesta, templada, en una palabra: torera. Ya aprenderá a sacar los brazos en la verónica, o a hacer la suerte de matar, pensé.

Pero no, algo en la vida —se rumora que no dentro de su vida taurina— no le permitió continuar en la brega. Valga un reconocimiento para ti torero, fue un placer conocerte, aunque fuera brevemente.

Nota en Opiniónytoros

Nota de la novillada del 17 de octubre

Galería de la novillada del 17 de octubre

Adornada la chicuelina
Llevando al caballo por el quite de las afueras
Caleserina
…y el remate
Se gustó en las banderillas
Compartió el tercio con su alternante Luis Ignacio López
Al quiebro
Cambiado por la espalda
Al natural
Bajando la mano
Aunque la cosa fue a la media altura
Difícil mantenerlo en pie
Encajado en el de pecho
La vida por delante…
Por el derecho
Uno más
Ayudándole al de Raúl Cervantes
Citando para el forzado
Determinación
Gesto
Los últimos acordes…
…de su última faena
Epílogo de su vida taurina: un par de banderillas al quinto. ¡Adiós, torero!

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