El encierro parchado del Vergel y Montecristo ofreció posibilidades de triunfo, sin que llegara la gran faena. Morelia, sin toros pero con disturbios.
Volvimos al toro después de un amargo e implacentero parón. Fueron dos corridas este fin de semana en la plaza Jorge “El Ranchero” Aguilar de la capital tlaxcalteca; en la del 1 de noviembre, a la que no pudimos asistir, el ganado de Hernández Cosío dejó mal sabor de boca por su presentación y era de lo que se hablaba antes de la corrida.
Al día siguiente, con unos tres cuartos de plaza en los tendidos y un estupendo clima, se lidiaron tres del Vergel (1º, 2º y 3º) y tres de Montecristo, que sustituyeron a los anunciados de García Méndez. Las reses neolonesas, discretas de presentación, se dejaron meter mano con calidad y nobleza; especialmente las que hicieron de primer y segundo lugar. Sin embargo, cayeron en manos que no los aprovecharon en su totalidad. Por su parte, los de Germán Mercado ofrecieron menos claridad.
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La tacita de plata, en día de muertos
El abreplaza
Para un Zapata dominador de un mundo taurino únicamente suyo
Difícil de leer, difícil de explicar
Pero que a los tlaxcaltecas les pareció merecedor de dos orejas
Y otra más con el cuarto, al que intentó torear en redondo
Aunque sin insistir demasiado
Pedro Gutiérrez «El Capea» se despidió de Tlaxcala
Con un buen toro que le permitió acomodarse hacia el final de la faena
Aunque en el grueso de su actuación fue el Pedro nervioso y acartonado de siempre
La estocada, con notorios defectos
Buen doblón
En un último turno gris
La larga de San Román
Que sembró expectativas
Que no llegaron a ningún lado por lo deslucido del tercero
Pero tampoco por el encimismo del queretano
Con el sexto parecía que habría emoción
Pues el toro tenía cierto sentido y San Román arrojo
Hasta que la aspereza de la embestida lo hizo imposible
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