Cruce de caminos en Tlaxcala. Fonseca, el de la verdad; Gilio, el de la serenidad.

Con el aldabonazo del sábado en Tlaxcala nos vamos dando cuenta de quién es Isaac Fonseca. Comienzan a surgirle competidores. En La Florecita, una deslucida novillada opaca el olor a futuro.

Un fin de semana en el que por aquí y por allá hubo toros, interés, entrega, pero sobre todo el fuerte contraste entre formas de hacer, o intentar hacer supuestamente, fiesta brava. Mientras que todo el mundillo se recrea en sus opiniones sobre la última corrida de la Feria de Tlaxcala, en torno al brevísimo Julitour de estos días se habla de todo, menos de lo que pasó en el ruedo.

Isaac Fonseca reapareció luego de su encerrona para encender las más apasionadas polémicas. La tacita de plata del centro de Tlaxcala se llenó hasta el atrio del ex convento de San Francisco para observar el primer agarrón entre el purépecha y el lagunero Arturo Gilio. Por delante, y cobijado por sus paisanos, un Sergio Flores que ya no se cuece al primer hervor y que firmó una actuación sinceramente anodina con todo y oreja en la espuerta.

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Inmejorable marco
Tarde anodina de Sergio Flores, que cortó una oreja para la estadística
Mientras el abreplaza pasó sin objeciones…
…el cuarto fue duramente protestado
Por lo que no hubo nada más que hacer para el torero que jugaba de local
Fonseca pechó con un par de marrajos, mansos buscones con todos los gatos en la panza
Pero no se amilanó ante las dificultades
Y le hemos visto un arrimón de aquellos, sostenido por su atrayente personalidad
Su desparpajo, su abandono y su desdén
Además de los terrenos que pisa
Aunque conoce las consecuencias de pararse dónde las zapatillas arden
Las huellas de la batalla
Pero, oh dios un gran pero, la espada
Arturo Gilio, con el mejor lote, tuvo un actuación de altibajos
El sobresaliente tercero se fue al destazadero con el hocico sellado y dos o tres tandas dentro. Igual le dieron una oreja
Pero no así el noble sexto, al que toreó por nota por derechazos
De menos a más, consiguiendo que el toro bajara la cabeza
Hasta que firmó la única faena verdaderamente merecedora de premio de la tarde-noche
La estocada que valió la oreja
El sobresaliente puyazo de Juan Carlos Paz al segundo de la tarde

Picaron bien Carlos Domínguez hijo y Héctor Delgado «El Ruso», aunque los puyazos se vieron emborronados por enhilarse la vara en las carnes del toro el uno y por barrenar descaradamente el otro.

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